El graffiti es emoción.
El graffiti es voz.
Es el sonido del aerosol y el instante en que un muro vacío cobra vida. Pero por muy libre que se sienta, el graffiti no existe sin reglas.
No para limitar el arte.
Sino para protegerlo.
1. Sin permiso no hay muro
Pintar sin autorización no es rebeldía, es daño. Los verdaderos artistas respetan la propiedad.
2. Respeto por obras existentes
Un muro no es un campo de batalla.
Tachar o destruir el trabajo de otro artista sin consentimiento es una falta grave.
3. El lugar importa
No todos los muros son adecuados.
Escuelas, monumentos y viviendas privadas son zonas prohibidas.
4. El mensaje también importa
El graffiti puede ser fuerte y político.
Pero el odio y la discriminación no tienen lugar en esta cultura.
5. Calidad antes que ego
No cada superficie necesita tu firma.
Una obra fuerte dura más que diez tags sin alma.
6. Limpieza al marcharse
Un verdadero artista no deja basura.
Mantener el lugar limpio protege el respeto hacia toda la escena.
El graffiti no es una excusa – es una actitud
El verdadero graffiti nace donde la libertad se une al respeto.
Donde los muros hablan sin callar a otros.
